Pablo dice que si aún estuviera predicando la conversión al judaísmo y la obediencia al Talmud no sería perseguido. De hecho si fuera así nadie perseguiría a los creyentes en el Mesías Yeshua.
Así mismo si siguiéramos predicando la obediencia y fidelidad a las tradiciones humanas y sistemas de hombres no tendríamos problemas con el mundo, aun si nos decimos cristianos.
El problema es buscar la justicia por medio de cumplir la Ley, el confiar en una señal hecha en la carne y no en una señal hecha en el corazón…
Una advertencia: No por haber sido hecho libre de un sistema ahora ya no damos cuentas a nadie, eso proviene de la carne…
De esto hablamos el Shabbat, el deseo del Espíritu de Dios es opuesto al deseo de mi carne…
Todo lo que llega a mi vida, sean pensamientos, emociones o sentimientos debo separarlos, debo discernir que es puro y que es impuro.
¿Cómo sabemos que todas estas cosas que Pablo menciona son pecado? Porque Dios lo dijo en Su Ley…
No hay nada de parte de Dios en su Ley que se oponga a lo que el Espíritu produce en nosotros.
También nos previene, en el contexto de buscar las apariencias y cosas externas, de tener cuidado con la vanagloria…



